Criar en la era digital: cómo acompañar a los niños sin vivir en conflicto con las pantallas
- Santa Barbara Preschool

- hace 9 horas
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Si hay un tema que genera dudas, discusiones y, en ocasiones, culpa entre madres, padres y cuidadores, es el uso de pantallas durante la infancia, basta con entrar a cualquier grupo de familias, conversar con otros padres en el colegio o revisar las redes sociales para encontrar opiniones completamente opuestas, donde algunos creen que la tecnología debe evitarse al máximo, mientras otros consideran que es simplemente una herramienta más de la vida moderna.
La realidad es que criar hoy es muy diferente a como se hacía hace 20 o 30 años, pues los niños nacen en un mundo donde las pantallas forman parte de la cotidianidad, están presentes en el trabajo de los adultos, en la educación, en la comunicación con familiares y en gran parte de las actividades de entretenimiento.
Según UNICEF, la tecnología digital forma parte del entorno en el que crecen los niños actuales, por lo que el desafío no consiste en ignorarla, sino en aprender a acompañar su uso de manera saludable, la pregunta entonces deja de ser si las pantallas son buenas o malas, para convertirse en algo mucho más útil: ¿cómo podemos ayudar a nuestros hijos a relacionarse con ellas de forma equilibrada?
El verdadero problema no siempre es la pantalla
Cuando un niño se molesta porque debe apagar una tableta o insiste constantemente en usar un dispositivo, es fácil pensar que el problema es la tecnología, sin embargo, muchas veces el conflicto tiene más relación con la forma en que se gestiona el uso de las pantallas que con la pantalla misma.
Pensemos en una situación frecuente, un niño pasa una hora viendo dibujos animados mientras sus padres terminan tareas pendientes del trabajo, al momento de apagar el dispositivo aparece la frustración, el llanto o la negociación interminable, lo que suele verse como un problema tecnológico puede estar relacionado con la falta de acuerdos claros o con transiciones abruptas entre una actividad altamente estimulante y otra menos atractiva.
La American Academy of Pediatrics ha señalado que la calidad de las experiencias digitales y la participación de los adultos son factores tan importantes como el tiempo de exposición, en otras palabras, no todo depende de cuántos minutos pasan frente a una pantalla, sino también de qué están haciendo y con quién lo están haciendo.
No todas las pantallas ofrecen la misma experiencia
Uno de los errores más comunes es hablar de "las pantallas" como si todas fueran iguales, no es lo mismo una videollamada con los abuelos que un video automático reproduciéndose durante horas, tampoco es igual un juego creativo donde el niño construye y resuelve problemas que un contenido diseñado únicamente para captar atención de forma constante.

Los especialistas en desarrollo infantil suelen diferenciar entre experiencias pasivas y experiencias interactivas, cuando un niño conversa, responde preguntas, crea, dibuja o participa activamente, el aprendizaje es muy diferente al de simplemente observar contenido durante largos periodos.
Esto no significa que todo contenido digital sea negativo, significa que la experiencia tiene matices y que el acompañamiento adulto sigue siendo fundamental, por eso, más que preguntarnos cuánto tiempo usan una pantalla, puede resultar más útil preguntarnos qué están haciendo mientras la utilizan.
¿Por qué las pantallas generan tanta culpa en los padres?
Existe una presión enorme sobre las familias modernas, muchos padres trabajan, administran responsabilidades del hogar, acompañan tareas escolares y, además, intentan cumplir con estándares de crianza cada vez más exigentes. En este contexto, las pantallas suelen convertirse en una solución práctica para determinados momentos del día, el problema aparece cuando esa solución viene acompañada de culpa.
Un estudio publicado por Common Sense Media encontró que gran parte de los padres se sienten preocupados por el tiempo de pantalla de sus hijos, incluso cuando reconocen que los dispositivos les ayudan a gestionar actividades diarias.
La culpa rara vez produce mejores decisiones, por el contrario, suele generar reglas inconsistentes, cambios constantes y conflictos innecesarios, un enfoque más saludable consiste en reemplazar la culpa por la reflexión, observando cómo, cuándo y para qué se utilizan los dispositivos dentro de cada familia.
Lo que los niños necesitan además de la tecnología
Las pantallas ocupan espacio en la vida de los niños, pero no pueden reemplazar ciertas experiencias esenciales para su desarrollo, algunas de estas siguen siendo irremplazables como:
Conversaciones cara a cara.
Juego libre.
Movimiento físico.
Contacto con la naturaleza.
Lectura compartida.
Interacción con otros niños.
El Harvard Center on the Developing Child destaca que las relaciones humanas significativas siguen siendo uno de los factores más importantes para el desarrollo cerebral durante la infancia, ya que un niño puede disfrutar de una aplicación educativa y, al mismo tiempo, necesitar construir una fortaleza con cojines, jugar en un parque o escuchar una historia antes de dormir, el equilibrio aparece cuando entendemos que la tecnología es una parte de la experiencia infantil, pero no toda la experiencia.

Crear acuerdos suele funcionar mejor que imponer prohibiciones
Muchas familias descubren que las normas rígidas generan discusiones constantes, mientras que los acuerdos claros suelen producir mejores resultados, por ejemplo, algunos hogares establecen momentos específicos para el uso de dispositivos, otros priorizan actividades familiares antes del tiempo de pantalla y otros definen espacios libres de tecnología, como la mesa durante las comidas.
Lo importante no es que todas las familias tengan exactamente las mismas reglas, sino que exista coherencia y que los niños comprendan qué se espera de ellos, así cuando los acuerdos son consistentes, las discusiones disminuyen y los niños desarrollan una mejor comprensión de los límites.
Criar en la era digital no significa elegir entre tecnología o infancia
A veces pareciera que las familias deben escoger entre dos extremos, una infancia completamente desconectada o una infancia rodeada de pantallas, sin embargo, la realidad suele encontrarse en un punto intermedio.
La tecnología seguirá acompañando gran parte de la vida de nuestros hijos, estará presente en su educación, en su forma de comunicarse y en muchas de las herramientas que utilizarán en el futuro, por eso, más que prohibirla o permitirla sin límites, el reto consiste en enseñarles a usarla con criterio y equilibrio.
Cuando los niños aprenden a relacionarse de forma saludable con la tecnología, esta deja de convertirse en un conflicto y pasa a ser una herramienta más dentro de una infancia rica en experiencias, relaciones y aprendizajes.
Una reflexión para llevar a casa
Quizás el debate nunca ha sido sobre las pantallas, sino sobre el equilibrio, ya que los niños necesitan oportunidades para moverse, crear, jugar, aburrirse, resolver problemas, compartir con otros y descubrir el mundo que los rodea, las pantallas pueden formar parte de ese camino, pero no deberían ocupar todo el espacio.
Criar en la era digital implica acompañar, observar y tomar decisiones conscientes, entendiendo que cada familia es diferente y que no existen fórmulas perfectas y al final, el objetivo no es criar niños alejados de la tecnología, sino niños capaces de utilizarla de manera saludable, manteniendo la curiosidad, la autonomía y el interés por todo aquello que sucede más allá de una pantalla.
Preguntas frecuentes
1. ¿Las pantallas son malas para los niños?
No necesariamente, el impacto depende del contenido, del contexto y del acompañamiento que reciban los niños durante su uso.
2. ¿Qué es más importante, el tiempo o el contenido?
Ambos factores importan, aunque la calidad del contenido y la participación de los adultos suelen marcar una gran diferencia.
3. ¿Es recomendable usar pantallas para aprender?
Sí, siempre que el contenido sea apropiado para la edad y forme parte de una experiencia equilibrada.
4. ¿Qué señales pueden indicar un uso poco saludable?
Dificultad constante para apagar dispositivos, reducción de actividades sociales o físicas y conflictos frecuentes relacionados con el uso de pantallas.
5. ¿Cómo reducir las discusiones por el tiempo de pantalla?
Los acuerdos claros, las rutinas consistentes y las transiciones anticipadas suelen funcionar mejor que las prohibiciones repentinas.
6. ¿Qué necesitan los niños además de la tecnología?
Juego libre, movimiento, lectura, conversación, exploración y relaciones significativas con otras personas.




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