Aprendizaje Experiencial: cómo aprenden realmente los niños hoy
- Santa Barbara Preschool

- hace 8 horas
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Durante décadas, aprender significó sentarse, escuchar y repetir, sin embargo, algo cambió, los niños de hoy no aprenden como aprendíamos nosotros, y no porque sean “distintos”, sino porque el mundo en el que crecen también lo es. Pantallas, estímulos constantes, menos tiempo libre y más exigencias han transformado la manera en que procesan la información, construyen conocimiento y desarrollan habilidades.
En este contexto, el aprendizaje basado en experiencias se ha convertido en una respuesta pedagógica poderosa, no como una tendencia pasajera, sino como una forma coherente y profundamente humana de enseñar y aprender, este enfoque parte de una idea simple pero contundente: los niños aprenden mejor cuando viven lo que aprenden.
Este artículo explora cómo funciona el aprendizaje experiencial en la infancia, por qué es tan relevante hoy y cómo impacta el desarrollo cognitivo, emocional y social de los niños, especialmente en contextos latinoamericanos.
Aprendizaje Experiencial: Aprender no es memorizar, es vivir
Durante los primeros años de vida, el cerebro infantil no está diseñado para absorber datos abstractos, sino para explorar, probar, equivocarse y volver a intentar, es aquí donde los niños pequeños aprenden haciendo, no escuchando largas explicaciones.
Un estudio de la Universidad de Harvard (Center on the Developing Child) señala que más del 90 % del desarrollo cerebral ocurre antes de los 5 años, y que este desarrollo se potencia cuando el aprendizaje está vinculado a experiencias reales y significativas.

Cuando un niño mezcla agua y tierra, no solo juega: está experimentando conceptos físicos, desarrollando motricidad fina y construyendo hipótesis, ya que el aprendizaje ocurre en capas, muchas veces invisibles para el adulto, pero profundamente estructurantes para el niño.
¿Qué es el aprendizaje basado en experiencias (y qué no lo es)?
Hablar de aprendizaje basado en experiencias no significa improvisar ni “dejar que los niños hagan lo que quieran”, al contrario, se trata de un enfoque profundamente intencional, donde cada experiencia está pensada para provocar aprendizaje, curiosidad y reflexión acorde a la etapa de desarrollo del niño.
En términos simples, el aprendizaje experiencial parte de una idea poderosa: los niños construyen conocimiento cuando interactúan activamente con su entorno, no aprenden primero la teoría para luego aplicarla, es mejor aprenden en el hacer, es decir, tocando, probando, equivocándose, observando a otros y sacando sus propias conclusiones.
Aquí es importante hacer una distinción clave que muchas veces se confunde:
No es solo jugar, es aprender con sentido
El juego es el vehículo, pero no el destino final, ya que en el aprendizaje basado en experiencias, el juego está diseñado y acompañado, pues hay una intención pedagógica detrás, aunque no siempre sea evidente para el adulto, sin embargo para el educador observa, propone materiales, plantea preguntas abiertas y sabe cuándo intervenir… y cuándo no.
Por ejemplo, cuando un grupo de niños construye una torre con bloques:
· Están explorando equilibrio y gravedad.
· Desarrollando coordinación y motricidad.
· Negociando turnos y acuerdos sociales.
· Y fortaleciendo la tolerancia a la frustración cuando la torre se cae.
Todo eso ocurre sin una instrucción explícita, pero con una experiencia cuidadosamente preparada.
Aprender desde la experiencia no significa ausencia de estructura
Uno de los mitos más frecuentes es pensar que este enfoque elimina la estructura o el orden, pero en realidad, la estructura existe, es flexible y se adapta a los ritmos individuales, ya que no todos los niños deben llegar al mismo resultado al mismo tiempo, porque el valor está en el proceso, no en el producto final.
Según un informe de la UNESCO sobre educación inicial, los entornos de aprendizaje más efectivos son aquellos que combinan estructura, libertad y acompañamiento emocional, permitiendo que cada niño avance desde sus propias capacidades.
Un enfoque especialmente poderoso en contextos LATAM
En América Latina, donde la vida cotidiana está llena de interacción social, naturaleza, cultura y comunidad, el aprendizaje basado en experiencias conecta de forma natural con la realidad de los niños, debido a que aprender a través de situaciones reales —preparar alimentos, cuidar plantas, resolver conflictos cotidianos— convierte la educación en algo cercano, significativo y profundamente humano.
Además, este enfoque democratiza el aprendizaje: no depende de tecnología avanzada ni de materiales costosos, sino de mirar el entorno con intención pedagógica. En esencia, el aprendizaje basado en experiencias no busca adelantar contenidos, sino formar niños curiosos, seguros y capaces de aprender por sí mismos, sentando bases sólidas para todo lo que vendrá después.
El cuerpo también aprende
Uno de los grandes errores de la educación tradicional fue separar el cuerpo de la mente y hoy sabemos que movimiento y aprendizaje están íntimamente conectados.
Investigaciones del Instituto de Neurociencia Cognitiva de Londres muestran que el movimiento mejora la atención, la memoria y la autorregulación en niños pequeños, ya que saltar, correr, trepar o manipular objetos no es una distracción, por el contrario es parte del proceso cognitivo.
En la infancia, el cuerpo es el primer lenguaje, a través de él, los niños comprenden límites, relaciones espaciales, causa y efecto y el aprendizaje experiencial reconoce esto y lo integra de forma natural.
Emoción y experiencia, una dupla inseparable
No hay aprendizaje profundo sin emoción, debido a que los niños recuerdan aquello que les genera curiosidad, sorpresa o sentido y esto lo confirma un estudio de la Universidad de Stanford que indica que los aprendizajes asociados a experiencias emocionales positivas tienen mayor probabilidad de consolidarse en la memoria a largo plazo, por eso, cuando un niño se siente seguro, valorado y acompañado, aprende mejor.
El aprendizaje basado en experiencias no busca entretener por entretener, sino crear vivencias emocionalmente significativas que fortalezcan la confianza, la autoestima y el deseo de aprender.
Aprender desde la vida cotidiana
Uno de los grandes valores de este enfoque es que no necesita escenarios sofisticados, ya que el aprender puede suceder en acciones simples, preparar una merienda, regar una planta, ordenar un espacio o resolver un pequeño conflicto.
En muchos países de LATAM, donde los recursos educativos pueden ser limitados, el aprendizaje experiencial se convierte en una oportunidad real de educación de calidad, porque utiliza el entorno como recurso pedagógico y según el BID, los programas educativos que integran experiencias cotidianas mejoran las habilidades socioemocionales en un 25 % en comparación con modelos más rígidos.

El rol del adulto cambia (y mucho)
En el aprendizaje experiencial, el adulto deja de ser el protagonista y se convierte en guía, observador y facilitador, no impone respuestas, sino que acompaña procesos, pero esto requiere formación, sensibilidad y capacidad de observación, ya que según la OEI, los entornos educativos donde el adulto actúa como mediador y no como instructor generan mayores niveles de autonomía infantil.
En jardines infantiles que trabajan desde este enfoque, el adulto sabe cuándo intervenir y cuándo dar espacio, entendiendo que el silencio y la espera también educan.
¿Y los resultados académicos?
Una preocupación común de las familias es si este tipo de aprendizaje “prepara” a los niños para etapas posteriores y la evidencia indica que sí, y de manera sólida. Investigaciones longitudinales del MIT muestran que los niños que aprenden a través de experiencias desarrollan mejores habilidades de resolución de problemas, pensamiento crítico y adaptación al cambio en etapas escolares posteriores.
Más que adelantar contenidos, el aprendizaje experiencial prepara habilidades, aprender a aprender, adaptarse, pensar y colaborar.
Mirando hacia el futuro: Educación hacia 2030
De cara a 2030, organismos como la OCDE coinciden en que las habilidades más valoradas no serán la memorización, sino la creatividad, la empatía, la flexibilidad y la capacidad de resolver problemas.
El aprendizaje basado en experiencias no es solo una metodología para hoy, sino una preparación para un mundo incierto, enseña a los niños a confiar en sí mismos, a explorar sin miedo y a construir conocimiento desde la curiosidad, ya que en un mundo cambiante, aprender a aprender será la habilidad más importante.
Conclusión
Los niños no recuerdan fichas ni lecciones repetidas, recuerdan cómo se sintieron mientras aprendían, pues el aprendizaje útil no se mide en contenidos adelantados, sino en experiencias que dejan huella emocional, cognitiva y humana.
Educar desde la experiencia es apostar por una infancia más consciente, más respetada y mejor acompañada, es entender que cada niño aprende a su ritmo, que el error también enseña y que la curiosidad es una fuerza poderosa cuando se cuida en lugar de reprimirse.
Tal vez no podamos controlar el mundo que los niños heredarán, ni anticipar todos los cambios que vendrán, pero sí podemos influir en algo fundamental, la forma en que aprenden a relacionarse con ese mundo, pues cuando un niño aprende desde la experiencia, aprende a confiar, a explorar sin miedo y a construir sentido propio y eso, más que cualquier contenido, es una base sólida para la vida.
Preguntas frecuentes (FAQs)
1. ¿Qué es el aprendizaje basado en experiencias?Es un enfoque educativo donde los niños aprenden a través de la acción, la exploración y la vivencia directa, no solo desde la instrucción.
2. ¿Es adecuado para niños pequeños?Sí, es especialmente efectivo en la primera infancia, cuando el aprendizaje ocurre principalmente a través del cuerpo y los sentidos.
3. ¿Este tipo de aprendizaje reemplaza la estructura?No, la estructura existe, pero es flexible y adaptada a los ritmos individuales.
4. ¿Cómo se aplica en un jardín infantil?A través de actividades diseñadas con intención pedagógica, juego guiado, observación y acompañamiento adulto.
5. ¿Prepara a los niños para el colegio?Sí, desarrolla habilidades clave como autonomía, pensamiento crítico y capacidad de adaptación.






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